El Parque Natural del Sudoeste Alentejano y Costa Vicentina (PNSACV) se extiende desde São Torpes a Burgau, en una franja costera con más de cien kilómetros y 131 000 hectáreas. Es una de las costas más vírgenes de Europa, con paisajes que nos dejan sin respiración y un importante ecosistema donde conviven una diversidad y riqueza inigualables de flora y fauna.
En el área del PNSACV se han identificado aproximadamente 200 especies de aves, 26 de las cuales, utilizan los acantilados para su reproducción. Con relación a la flora, entre las 750 plantas conocidas en esta área, 46 son exclusivas de Portugal y diez son endémicas y exclusivas y no se encuentran en ninguna otra parte del mundo.
 

• Las playas:

Las más cercanas:
» Carvalhal – buen acceso, apoyo de playa, perfecta para niños.
» Amália – acceso más difícil, sin ningún apoyo, playa rocosa, ambiente tranquilo.

Las elegidas por Cerca do sul al norte (hasta 45 minutos en coche):
» Aivados – sin ningún apoyo.
» Malhão – sin ningún apoyo.

Las preferidas por Cerca do sul hacia el sur (hasta una hora en coche):
» Odeceixe – buen acceso, apoyo de playa, perfecta para niños, bueno para practicar surf.
» Vale dos Homens – buen acceso, con rocas.
» Amoreira – buen acceso, apoyo de playa, perfecta para niños, bueno para practicar surf.
» Monte Clérigo – buen acceso, apoyo de playa, perfecta para niños, bueno para practicar sur.
» Arrifana – aparcamiento sólo en la cima del acantilado, apoyos de playa, ideal para niños, buena para practicar .surf
» Vale Figueiras – buen acceso, sin apoyo de playa, bueno para practicar surf.
» Carrapateira/Bordeira – buen acceso en la baja marea, apoyo de playa, perfecta para niños, bueno para practicar surf.
» Cordoama – buen acceso, apoyo de playa, perfecta para niños, bueno para practicar surf.

Aljezur (a 15 minutos en coche)
Pequeña y tranquila, Aljezur es una aldea dominada por un castillo árabe del s. X. Está dividida en dos partes que se asoman a un valle fértil cuyos campos recuerdan una manta de retales por sus varios cultivos agrícolas.
Cuando se construyó el castillo existían varias riberas que recorrían el área y la que corría alrededor del monte era lo suficientemente extensa para permitir que los barcos subiesen hasta Aljezur. Hasta que llegó el día en que las aguas quedaron infectadas de mosquitos que propagaron la malaria y la población tuvo que trasladarse, creando otro centro y dividiendo la aldea en dos partes: la Vila Velha y la Igreja Nova.
Del primitivo castillo sólo perdura una cisterna y algunas torres, mientras la iglesia matriz, reconstruida tras el terremoto de 1755, exhibe un magnífico altar en estilo neoclásico. No debe perderse una visita al Museo Municipal, al Museo de Arte Sacro Monseñor Manuel Francisco Pardal, a la Casa Museo Pintor José Cercas o la Iglesia Da Misericórdia.
 

Cabo Sardão (a 15 minutos en coche)
Entre Almograve y Zambujeira do Mar queda el Cabo Sardão, el punto más occidental de la costa alentejana. Amparado por un faro construido en 1915, con una torre de 17 metros de altura, este es un lugar ante el que es imposible permanecer indiferente, frente a las imponentes escarpas que se alzan sobre el océano, al mismo tiempo vigoroso y armonioso. Aquí, el tiempo se para y sólo existe la fuerza avasalladora y la belleza inigualable de la naturaleza, observando la espuma de las olas o cómo planean aves como la cigüeña blanca, el halcón peregrino, la chova piquirroja o, más raramente, el cernícalo.

Monchique (a 50 minutos en coche)
Con una altitud de 458 metros, el pueblo de Monchique está situado en la Sierra con el mismo nombre y es tan bonito como famoso por sus aguas medicinales, que antiguamente ya eran apreciadas por los romanos. Sencilla, la aldea tiene un encanto especial que le confiere la arquitectura tradicional del Algarve, más serrana y menos costera, donde sus calles estrechas muestran en cada esquina nuevas vistas sobre el verdor de la sierra, con una vegetación rica, que invita a safaris y a paseos a pie.
Monchique es una aldea con un fuerte legado histórico, que se refleja en los productos tradicionales de la región, como los objetos de madera y cuero, cestas, corcho, jerseys de lana, jamón, miel y el famoso aguardiente de madroño.

Odeceixe (a 5 minutos en coche)
Construida a lo largo de un valle acogedor, la aldea de Odeceixe nos invita a un simpático paseo por su plaza principal y callejuelas empedradas, subiendo hasta el altanero molino de viento, en pleno funcionamiento, donde es posible observar todo el proceso artesanal de molienda de cereales y al molinero, vigilando la dirección del viento y dominando todas las tareas que implica la molienda. Tampoco se debe perder una visita a la Bodega-Museo de Odeceixe, núcleo museológico que pretende recrear el espacio de una bodega, tal y como eran antiguamente en esta zona, sobre todo entre las décadas de los años veinte y cuarenta del siglo XX.
Asimismo, puede optar por relajarse y caminar por el valle donde predomina la agricultura y pastoreo, a lo largo del sinuoso recorrido de la ribera de Seixe que desemboca en el mar, en la playa de Odeceixe.

 

Odemira (a 15 minutos en coche)
Odemira es la sede del término municipal con mayor extensión del país, con una diversidad paisajística que se reparte entre la llanura, la sierra y el mar. Se sitúa en una pequeña ladera con casas encaladas de blanco sobre el río Mira, cuyo manantial nace en la Sierra del Caldeirão y que, a partir de aquí, es navegable hasta a la desembocadura, en Vila Nova de Milfontes, en un recorrido con treinta kilómetros aproximadamente, ideal para paseos en barco, remo y piragüismo. El río Mira significa “el río del emir”, derivación del árabe wad emir, siendo un río que alberga una biodiversidad considerable, destacando la existencia de una población marina de nutrias, y garantiza recursos piscícolas importantes.
www.turismo.cm-odemira.pt

Santa Clara (a una hora en coche)
No deje de visitar el Embalse de Santa Clara, a cuatro kilómetros de la localidad con el mismo nombre, cuya construcción fue ordenada por el Estado Nuevo, cuya albufera cubre un área de 1986 hectáreas, estando considerada una de las mayores de Europa. Alimentada por el río Mira, a partir de Santa Clara, el agua del embalse recorre 84,9 kilómetros de canales, 50,4 kilómetros de distribuidores y 309,6 kilómetros de regadíos. En el estanque de Santa Clara, uno de los puntos de interés turístico del interior del municipio de Odemira, puede practicar piragüismo, remo o pesca deportiva, abundando especies como percas americanas, ruivacas y langostinos.
A pocos kilómetros del embalse, la aldea de Santa Clara-a-Velha merece una visita. Blanca y florida, desarrollándose a la sombra de la Iglesia de Santa Clara de Asis, conservando su carácter rural.

Vila Nova de Milfontes (25 minutos en coche)
Situado en la orilla norte de la desembocadura del río Mira, Vila Nova de Milfontes fue fundada en 1486 con el propósito de proteger y desarrollar el comercio en la costa del Alentejo. En el siglo XVI se le mandó a construir el Fuerte de San Clemente (castillo de Milfontes) para hacer frente al clima de miedo e inestabilidad causada por los ataques de piratas. Fue también aquí donde partieron en 1924 los pilotos Brito Paes y Beires Sarmento para el primera vuelo entre Portugal y Macao. Con 5000 habitantes, Milfontes fue y sigue siendo un pueblo de pescadores, hoy en día muy dedicada al turismo, con su población aumentando considerablemente durante el verano.

Zambujeira do Mar (a 10 minutos en coche)
A pesar de que hoy es más conocida por acoger uno de los festivales de verano más famosos, en la cumbre del acantilado, la pequeña población de Zambujeira do Mar, que desde tiempos antiguos se dedica a la actividad piscatoria, constituye un mirador natural hacia el inmenso océano atlántico. En sus inmediaciones, el mar fue recortando grandes escarpas de pizarra, amplios y pequeños arenales. En las dunas se pueden observar barrón y brezos y, en el aire, numerosas especies de aves como águilas, garzas, cigüeñas, palomas bravías y charranes, que evidencian la riqueza de este ecosistema.